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Siempre despiertos

Antes de poder comprender la naturaleza y los usos de los compuestos psicodélicos es necesario allanar el camino analizando cómo el ser humano se relaciona con el mundo que le rodea, especialmente el mundo químico. El hombre ha aprendido a servirse del mundo para sobrevivir y mejorar su calidad de vida, utilizando los recursos del ambiente para tratar con las dificultades insorteables de manera fisiológica pura. Así fue creando su mundo artificial para asegurarse permanencia y comodidad.

Uno de los principales problemas de las personas fue siempre la enfermedad, el dolor, el desasosiego y, hoy en día podríamos sumar tranquilamente el aburrimiento y el malestar psíquico. Para estas cuestiones el hombre encontró milenios atrás un aliado fundamental, las plantas medicinales. Si bien podemos llamar a Hipócrates el padre de la medicina, el conocimiento terapéutico botánico era manejado varios miles de años antes de los aportes de este griego. Y resulta muy importante tener en claro que la botánica puede ser altamente beneficiosa siempre y cuando se tengan los conocimientos suficientes para aprovecharla. Basta pensar en el término que utilizamos durante tanto tiempo para referirnos a estos compuestos para que esto quede en claro; Phármakon (De ahí fármaco) es una palabra que indica remedio y veneno de manera simultánea, nunca uno sin el otro. Antiguamente quien podía disponer de las sustancias para que sean una cosa u otra era el estudioso de las plantas y sus efectos, sea un chamán, un hechicero, un sacerdote, o un médico. Y sucede que toda droga es un fármaco, toda droga tiene la potencialidad de ser remedio como de ser veneno y sólo cambia su valor según la dosis y oportunidad con que se use.

Desvinculémonos de la carga peyorativa que tiene la palabra droga hoy en día. Es imperante entender que droga es todo aquello que, al ser incorporado y asimilado, tiene un importante efecto somático y anímico. Es decir que una droga es algo que al consumirse provoca cambios sustanciales en el funcionamiento orgánico, en el estado anímico, o una combinación de ambas. Cada droga es particular y tiene su propio efecto, dosificación, y margen de seguridad; cada droga puede usarse para un buen fin o tener un mal uso según la pertinencia en la utilización de la información de la sustancia.

Clasificar a las drogas ha sido una tarea muy difícil por diversos aspectos que no tocaremos aquí. Por fines prácticos podemos clasificarlas en tres grandes grupos y así enfocarnos en el que nos interesa a nosotros. Algunos compuestos pueden ser utilizados para tratar el sufrimiento o el dolor, otorgando algún tipo de paz. Otros compuestos otorgan cierto tipo de energía ayudando a sortear la pereza o la impotencia. Otros compuestos sumen al sujeto en una excursión interior y exterior, siendo una herramienta para el análisis de aquellos que tienen un espíritu de aventura y una gran curiosidad intelectual. Es en este último grupo en el que nos centraremos de ahora en más.

Es sencillo ver la utilidad de un calmante o de un estimulante, si se utilizan con medida y en la ocasión propicia pueden ser altamente beneficiosas para la situación clínica de una persona. Cabe destacar que si se utilizan una cuando se debería utilizar la otra la persona estaría en un grave problema. Tenemos sustancias que a simple vista parecen escapar al entendimiento como remedios pero que sin embargo son drogas altamente poderosas y con un nivel terapéutico tal que siempre fueron compuestos venerados y respetados por los eruditos que las administraban. Durante muchísimo tiempo la humanidad le dio uso a las drogas de excursión psíquica en ceremonias religiosas, para conectarse con lo trascendente, para acercarse a lo sobrenatural, para encontrar respuestas imposibles, para comprender el mundo exterior y para comprender cómo funciona la mente y la naturaleza de nuestra existencia física y espiritual. La historia de estas drogas de uso ceremonial y de gran potencia es rebuscada y sufrió enormes altibajos que llevaron a que quedasen en el olvido durante algunos siglos para ser redescubiertas por un mundo más científico que religioso. En esta revolución de redescubrimiento de sustancias tan importantes surgió el problema de nombrarlas, discusión que se mantiene hoy en día y que probablemente no termine en un futuro próximo. Tomaremos acá el neologismo de Humphry Osmond que se conforma de las palabras griegas “alma” y “manifestar”. Psiquedelia o psicodelia vendría a significar la manifestación del alma, o bien algo que se le manifiesta al alma.

Antes de poder continuar tenemos que hacer un reparo entre los dos grandes grupos que conforman la categoría de drogas que provocan grandes cambios en la percepción y en el flujo del pensamiento. Me voy a servir de Antonio Escohotado para aclarar la diferencia entre visión y alucinación, así como de las drogas alucinógenas y de las drogas visionarias. Es desafortunado tener que marcar esta distinción pero es extremadamente usual que se le llame a todo “alucinógeno” y se malinterpreten los efectos. Explica Escohotado “Suelen conocerse como “alucinógenos” los fármacos de excursión psíquica, borrando así diferencias decisivas en el efecto. Visión arranca de conceptos como el griego theoreia, que significa contemplación y mirada a distancia. Alucinación, que se define en los manuales como “percepción sin objeto”, tiene su raíz en experiencias de perturbados sin drogas (vulgarmente conocidos como locos) […] Visión y alucinación se distinguen por el grado de credulidad inducido en cada caso. Usando ayahuasca, por ejemplo, [las formas y seres que se ven] dependen de yacer tumbado en la oscuridad, libre de ruidos o voces inmediatas, y el sujeto se sabe inmerso en una visión determinada, por mucha angustia o asombro que el cuadro le produzca. Quien padece un delirium tremens alcohólico o de tranquilizantes, en cambio, no sólo verá cocodrilos en su chimenea o arañas bajo su piel, sino que tratará de tomar medidas acordes a una realidad inmediata de tales percepciones, lanzando objetos contundentes contra el adversario de la chimenea o rascándose hasta lacerar la piel. En un caso la conciencia cree, admitiendo lo inaudito, y en otro se ve reducida, hasta el extremo de actuar sobre la base de una credulidad ciega.”

Los compuestos alucinógenos o disociativos generan un estado en que la persona cree plenamente en la percepción sin objeto actuando en consecuencia, olvidando que está drogada y pudiendo hacerse daño o infligirlo en otros sin darse cuenta. Estas sustancias suelen encontrase en solanáceas como la datura, la mandrágora o la belladona y son altamente tóxicas, pudiendo matar incluso en dosis bajas. Además, tienen la particularidad de que una vez terminada la experiencia se suele suceder un olvido de la misma, negando la posibilidad de un análisis posterior.
Los compuestos visionarios, muy por el contrario, permiten retener la memoria más allá de la admisión de las revelaciones que se producen. No sólo el sujeto recuerda que toda la experiencia es producto de una sustancia consumida sino que luego de la experiencia adquiere un enorme bagaje que puede ser analizada y vuelta a analizar por el entendimiento. Estas sustancias son, por lejos, las drogas menos tóxicas que existen. En su gran mayoría el margen de sobredosis letal es tan alto que se desconoce por completo y los efectos en el organismo son despreciables comparadas con cualquier otra sustancia. Esto no quiere decir que estén exentas de la categorización remedio-veneno.

El riesgo de estas sustancias no pasa por lo físico sino por lo mental. Se trata de experiencias indescriptiblemente intensas, experiencias sobrenaturales que pueden ir desde lo más beatífico hasta lo más pavoroso y pueden forzar a sujeto a una experiencia introspectiva o analítica para la que no estaba preparado. Debemos hacer énfasis en que estás sustancias son para los aventureros, los ansiosos de saber, los que están dispuestos a recorrer territorios inexplorados e inexplicables de la consciencia. La experiencia puede resultar abrumadora para cualquiera y en ocasiones lo único que puede salvar a una persona de tener la peor experiencia de su vida es la determinación de conocer, de sanar, de seguir en la empresa que decidió tener. De ahí que sea tan importante planificar correctamente la sesión y estar determinado a llevarla a cabo para que sea menos riesgosa.

Muy probablemente tratemos en profundidad cada tema en un futuro pero a modo introductorio podemos intentar iluminar los aspectos de éstas experiencias. Cabe remarcar que la experiencia es un todo mayor que la suma de las partes y que su peso es tal que deja mucho para procesar tiempo después de haber terminado. El ambiente, la intención y la dosis son determinantes en los efectos y la repercusión de la experiencia, y ninguna es replicable sino que todas son únicas e irrepetibles.
Podríamos dividir las partes producto de los compuestos en tres. En primer lugar está la experiencia sensorial caracterizada por una erupción poderosísima de emociones y sentidos, la admiración y el deleite por el mundo, un inusitado aumento de sensibilidad, la agudeza de todos los sentidos y una amplia susceptibilidad emocional.

En segundo lugar podemos remarcar la experiencia cognitiva que comienza por el cuestionamiento del mundo, la pregunta por la consciencia y el funcionamiento de la mente, una ampliación e inclinación hacia el análisis y la actividad crítica, la adquisición de mayor perspectiva e intuición, el auge del pensamiento lateral y una mejoría sustancial de la imaginación y la creatividad. La tercera parte vendría a ser toda la experiencia transpersonal, la cual resulta inexplicable por ser de características absurdas, trascendentales e impensables, donde el sujeto emprende un viaje en el que abraza la demencia hasta morir en vida, pasa a un plano divino y resucita libre del miedo a la vida y a la muerte.
Esto dicho no debe ser tomado de manera rígida, la experiencia es extremadamente variable y estamos haciendo una aproximación para entrar en detalle en un futuro.

Todo esto se manifiesta en numerosas visiones e hilos de pensamiento propios de la experiencia psicodélica. Debemos enfatizar en que hay que estar bien preparado para embarcarse en vivencias de tal magnitud. Todo censura cae, las cosas se suceden de manera espontánea, la tendencia introspectiva puede ser ineludible y el aumento de análisis puede ser insoportable para quien no esté dispuesto a dejarse de mentir a sí mismo. No obstante, quien tenga la sed de conocimiento necesaria y el espíritu de aventura que le acompañe podrá encontrar recompensas que nunca antes imaginó posibles.

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