Cómo la DMT cambia el canal de realidad del cerebro

El Dr. Gallimore explica cómo el cerebro sobrio percibe la realidad por defecto y cómo con la DMT parece sintonizar con una frecuencia completamente diferente.

«Lo que sucede es que el mundo es completamente reemplazado, instantáneamente, al 100%. Todo desaparece. Y lo que se pone en su lugar, ni un ápice de lo que se pone en su lugar, fue tomado de este mundo. Es un cambio de canal de realidad al 100%.»

Terence McKenna, describiendo los efectos de las dosis altas de DMT en el cerebro.

Cuando era niño, mis padres tenían un pequeño televisor en blanco y negro de los años setenta en la cocina, presumiblemente relegado del salón después de que nos pasáramos al tecnicolor. En contraste con los brillantes botones de nuestro elegante aparato en color de los años 80, este aparato antiguo utilizaba un dial circular para cambiar de canal. Jugando con este dial, cuando era un niño curioso, descubrí las distintas fases del cambio de canal: la nítida imagen en blanco y negro en movimiento primero se distorsionaba al girar el dial y se producían patrones de interferencia. A continuación, la imagen se convertía en puro ruido sin ninguna estructura discernible. Sin embargo, si seguía girando el dial, se podía ver un canal completamente nuevo: el orden daba paso al desorden, que a su vez daba paso a un nuevo orden. Un par de décadas antes de que se construyera nuestro pequeño televisor, el médico húngaro Dr. Stephen Szara también descubrió un conmutador de canales que parecía funcionar de forma similar. Autoexperimentando con la recién identificada molécula psicodélica natural, DMT, Szara descubrió un interruptor de canal para la propia realidad.

Refiriéndose a la DMT – N,N-dimetiltriptamina – como un «interruptor de canal de realidad al 100%», Terence McKenna captó perfectamente lo que se siente al ser catapultado a los extraños reinos a los que esta misteriosa sustancia psicodélica da acceso: después de dos o tres inhalaciones de su curioso vapor de sabor, el viejo mundo familiar comienza a distorsionarse y a romperse, mientras complejas formas geométricas primero recubren el mundo y luego lo reemplazan por completo. El viajero es impulsado a través de una procesión de imágenes salvajes y caóticas antes de que finalmente, asumiendo que la dosis es suficiente, irrumpa a través de un velo en un mundo completamente nuevo y asombrosamente extraño: el espacio DMT.

Aunque los paralelos superficiales con el cambio de canal de televisión son obvios, un cambio de canal de realidad es en realidad un descriptor bastante apropiado para los efectos de la DMT en la actividad cerebral cuando la dosis es suficiente para conseguir un «breakthrough» (i.e., una ruptura con la realidad). Para entender cómo funciona este cambio, primero tenemos que considerar cómo el cerebro, en ausencia de DMT, construye y mantiene el canal de tu mundo normal de vigilia.

Su cerebro en el Canal de la Realidad Consensuada

Nacer es nacer en un mundo. Ser consciente es ser consciente de un mundo. Ya sea que estés despierto, soñando o en la cima de una experiencia psicodélica, siempre estás inmerso en un mundo. Por supuesto, el mundo extremadamente extraño de las altas dosis de DMT se parece poco al mundo normal de la vigilia -a menudo denominado mundo del consenso-, mientras que el mundo del sueño suele ser mucho más familiar. Y, por supuesto, hay otros tipos de mundos que se pueden distinguir: los mundos fragmentados de un paciente esquizofrénico o los mundos totalmente ridículos y a menudo horripilantes que se experimentan tras tomar extractos concentrados de Salvia divinorum. Pero lo que une a estos mundos dispares es su subjetividad: siempre que estés consciente, tu mundo es tu propio y único mundo subjetivo experimentado desde detrás de tus ojos, el mundo en el que vives, y el único mundo que conocerás. Aunque la estructura de ese mundo puede cambiar drásticamente según tu estado, tu mundo subjetivo y fenoménico es siempre tuyo y sólo tuyo.

El mundo en el que vives durante la mayor parte de tu vida de vigilia es claramente tu mundo por defecto, y podemos recurrir al autor Hermann Hesse para una hermosa articulación de lo que es realmente este mundo subjetivo: «Si el mundo exterior cayera en ruinas, uno de nosotros sería capaz de reconstruirlo, porque la montaña y el arroyo, el árbol y la hoja, la raíz y la flor, todo lo que está formado por la naturaleza yace modelado en nosotros».

Intuido por Hesse hace más de 100 años, tu mundo normal de vigilia es, en lenguaje científico más moderno, un modelo del entorno construido por su cerebro. El propósito de este modelo es proporcionarle lo que el filósofo Thomas Metzinger llama un «espacio de simulación» que puede utilizar para navegar e interactuar con su entorno. Obviamente, existe una relación o un mapeo entre el modelo y el entorno en sí, pero el mundo que experimentas es siempre este modelo. Cuando se fuma una dosis suficiente de DMT, lo que cambia, de manera asombrosamente dramática, es este modelo construido por el cerebro.

El cerebro humano es, obviamente, una máquina exquisitamente compleja que parece casi mágica en su capacidad para llevar a cabo una desconcertante serie de complejas tareas necesarias para la vida. Pero, en realidad, el cerebro sólo tiene una única tarea, aunque extremadamente complicada: recibir, procesar y generar información. Esta información la generan unas células especializadas llamadas neuronas que emiten señales electroquímicas que pueden transmitirse a otras neuronas a través de unas conexiones químicas especializadas llamadas sinapsis. La fuerza de estas conexiones químicas puede aumentar o disminuir para controlar el flujo de información entre las neuronas. La capa más externa del cerebro se conoce como corteza cerebral. Se encarga de construir tu modelo del mundo y es esencialmente una hoja plegada que contiene miles de millones de estas neuronas interconectadas. Grupos de neuronas estrechamente conectados entre sí forman áreas corticales especializadas y afinadas para recibir, procesar y generar determinados tipos de información que corresponden a características concretas del mundo, como líneas, colores, texturas, relaciones espaciales y tipos específicos de objetos.

Las áreas corticales están conectadas, mediante sinapsis, para formar redes que controlan la estructura y el flujo de información a través del cerebro, lo que le permite «esculpir» tu modelo del mundo. Al modificar estos patrones de conexión, a lo largo de la evolución, el desarrollo y la experiencia, el cerebro mejora y perfecciona este modelo. El mundo fenoménico que experimentas en cada momento refleja el patrón de información altamente complejo esculpido por estas redes de áreas cerebrales. O, lo que es lo mismo, tu mundo fenoménico es lo que este patrón de información siente desde tu perspectiva subjetiva. Tu mundo está construido con información.

Por supuesto, este modelo sería perfectamente inútil si no te permitiera navegar por tu entorno, evitar los peligros y localizar la comida, llamar la atención de una posible pareja y, en general, tomar decisiones juiciosas («¿Es eso una serpiente o un rollo de cuerda?») y hacer predicciones («¿Me va a atropellar este coche?»). En otras palabras, el modelo debe estar sintonizado de forma estable con el entorno. El cerebro logra esta sintonía comparando constantemente su modelo con la información sensorial entrante (de los ojos, los oídos, etc.). Básicamente, el cerebro utiliza el modelo para predecir los patrones de la información sensorial que entra en el cerebro en cada momento («Si el modelo que estoy utilizando es bueno, ¿qué debería esperar que ocurra a continuación?»). Si la predicción es acertada, esa información sensorial se suprime, es decir, no pasa a las redes del cerebro para su procesamiento posterior.

Como las neuronas consumen energía, el procesamiento de la información es costoso, por lo que no tiene sentido que el cerebro procese información sensorial que ya forma parte del modelo porque, en cierto modo, esa información ya es conocida. Sin embargo, si se reciben patrones inesperados y sorprendentes de información sensorial -si la predicción del modelo es incorrecta- se generan señales de error, que pasan a las redes corticales y son utilizadas para actualizar el modelo y reducir esas señales de error.

Así, el cerebro no necesita construir su modelo desde cero en cada momento, simplemente necesita actualizarlo centrándose en la información imprevisible y sorprendente, y filtrando la información sensorial previsible que se ajusta al modelo. Esta comprobación y actualización constantes, en tiempo real, frente a la información sensorial, permite al cerebro sintonizarse con el entorno, estableciendo lo que podríamos llamar el Canal del Consenso de la Realidad.

La solidez de este modelo de realidad consensuada se pone de manifiesto cuando se entra en el sueño REM por la noche y se empieza a soñar. No es casualidad que la mayoría de los sueños se parezcan al mundo normal de la vigilia en casi todos los aspectos. De hecho, el sueño es en gran medida continuo con la vigilia y los estudios han demostrado que la proporción de tiempo que se dedica a realizar actividades cotidianas mundanas, como ver la televisión o hablar por teléfono, es similar en el mundo de los sueños que en el de la vigilia. La diferencia crucial es que, durante el sueño, el cerebro está desconectado de la información sensorial. Esto hace que el mundo de los sueños sea familiar y, sin embargo, claramente errático e inestable. El cerebro es capaz de reorganizar las piezas de su modelo en formas inusuales, a menudo imposibles, durante un sueño, ya que no está limitado por tener que probar constantemente el modelo contra la información sensorial. El mundo de los sueños es, por tanto, mucho más fluido e imprevisible que el mundo normal de la vigilia, a pesar de ser una variación inconfundible de éste. La similitud del paisaje onírico con la del Canal de Realidad Consensuada no es tan sorprendente, ya que el cerebro utiliza el mismo modelo para construir el mundo de los sueños que para construir el mundo de la vigilia. Lo que es más sorprendente es lo que ocurre con el mundo de la vigilia cuando ciertas moléculas psicoactivas entran en el cerebro.

Su cerebro bajo el efecto de los psicodélicos

Aunque las plantas y los hongos psicodélicos han sido utilizados por las culturas indígenas de todo el mundo durante miles de años, tan sólo se han arraigado firmemente en la cultura occidental en el último siglo . Los llamados psicodélicos clásicos incluyen el LSD, la psilocibina (de las «setas mágicas»), la mescalina (del cactus peyote) y el DMT, además de una serie de moléculas químicamente relacionadas, compartiendo un característico mecanismo de acción en el cerebro. Los psicodélicos clásicos ejercen sus efectos uniéndose a un tipo específico de receptor de serotonina -el receptor 5HT2A– que está altamente expresado en capas del córtex crucialmente involucradas en la construcción del modelo del mundo. Al unirse al receptor 5HT2A, estos psicodélicos estimulan las neuronas de estas capas, haciéndolas mucho más receptivas a las señales entrantes de otras neuronas y mucho más propensas a disparar señales que luego se transmiten a otras neuronas a través de sus conexiones sinápticas. El resultado global es una capa de neuronas altamente excitable en grandes áreas del córtex, con una información que fluye mucho más libremente entre las áreas corticales. Dado que la capacidad del cerebro para construir un modelo coherente del entorno se basa en un patrón de conexiones ponderadas entre las áreas cerebrales delicadamente construido , este intercambio de información perturba o «sacude» el modelo del mundo.

Cuando a los voluntarios de los estudios se les administra un psicodélico y se les coloca en una máquina de resonancia magnética, las exploraciones de imágenes funcionales revelan los distintos patrones de actividad cerebral inducidos por estas sustancias. Tanto en el caso del LSD como en el de la psilocibina, se observa que los patrones de actividad cerebral normalmente bien ordenados se rompen a medida que la información comienza a fluir fuera de las previamente bien delimitadas redes, y las redes que antes estaban desconectadas comienzan a hablar entre sí.

Esto es lo que el Dr. Robin Carhart-Harris, destacado investigador psicodélico, llama un estado «entrópico» (es decir, desordenado) o «caliente«. Desde la perspectiva del consumidor psicodélico, el mundo pasa de ser estable y predecible a ser inestable, fluido e impredecible. El modelo cerebral del mundo comienza a desmoronarse. Naturalmente, este modelo fragmentado se vuelve menos exitoso en la predicción de la información sensorial, lo que conduce a un aumento de las señales de error que fluyen a través de las redes de la corteza. Recordemos que el cerebro filtra aquella información sensorial que ha predicho correctamente, y sólo procesa la información imprevista y sorprendente en forma de señales de error. Al interrumpir la capacidad del cerebro para predecir la información sensorial, los psicodélicos eliminan efectivamente este filtro y la información que normalmente se filtraría de repente llena el mundo y todo se vuelve sorprendente, saliente y novedoso. Cualquiera que haya tomado LSD u hongos «mágicos» de Psilocybe conocerá el efecto subjetivo de este cambio neurológico: los colores se vuelven más brillantes y pronunciados, los objetos salen de su entorno y se impregnan de un profundo significado y sentido. Todo se vuelve profundamente fascinante, ya que el mundo entero se ve como si fuese algo nuevo, como un niño.

En resumen, bajo la influencia de una sustancia psicodélica, el cerebro pierde el control del flujo de información tanto hacia como a través de sí mismo. Y, naturalmente, intenta corregir la situación actualizando su modelo -como haría en circunstancias normales cuando se generan señales de error-, pero es incapaz de formar un modelo estable y coherente que reduzca las señales de error. Así, sigue buscando, actualizando el modelo, y el mundo subjetivo se vuelve inestable, cambiando rápidamente en respuesta al bombardeo de información no filtrada del entorno.

Esto se observa claramente en el escáner de resonancia magnética, ya que el cerebro parece moverse de forma desordenada a través de un número ampliado de patrones diferentes de actividad neuronal, muchos de los cuales sólo se observan bajo la influencia de un psicodélico. Es como si el cerebro se hubiera desajustado y estuviera tanteando el dial para intentar resintonizarse. Desde la perspectiva del viajero, el mundo se vuelve fluido e inestable: todo se mueve y fluye, los objetos se fusionan o cambian de identidad de un momento a otro, la manguera de jardín en el césped se convierte en una serpiente enrollada, el camino de entrada de piedras en un lecho de joyas brillantes.

DMT: El Interruptor del Canal de la Realidad

Aunque la DMT también actúa principalmente a través del receptor 5HT2A, al inundar el cerebro sus efectos son drásticamente diferentes a los de las dosis regulares de los otros psicodélicos clásicos: en lugar de simplemente ser desintonizado, es como si el cerebro hubiese sido cambiado a un canal completamente diferente. El cerebro coge el dial y, con una precisión sin esfuerzo, cambia a la nueva frecuencia. Desde una perspectiva más neurológica, el cerebro deja de construir el modelo normal del mundo de la vigilia y empieza a construir un modelo totalmente nuevo, que se experimenta como un mundo totalmente nuevo.

Asumiendo que la dosis es suficiente, el estado de ruptura del DMT, conocido como el «breakthrough», no se presenta como un torbellino de confusión y caos – aunque esto tipifica las primeras etapas de la experiencia – sino más bien como mundos completamente estructurados de claridad cristalina y repletos de una ecología diversa de seres inteligentes deseosos de comunicarse con el viajero. El cambio del Canal de la Realidad de Consenso al Canal DMT es rápido, eficiente y completo.

Aunque todavía hay relativamente pocos estudios de neuroimagen sobre el estado de DMT en humanos, este vacío de datos está siendo llenado por el pionero Centro de Investigación Psicodélica del Imperial College de Londres (entre otros), que recientemente publicó un estudio detallado de los efectos de la DMT en las oscilaciones neuronales medidas mediante EEG. Las neuronas son células electroquímicamente activas y, cuando un gran número de estas células están conectadas y activas – como en el cerebro humano – surgen oscilaciones eléctricas de varias frecuencias, que se sincronizan y se propagan a través de la corteza, y pueden ser detectadas a través del cráneo. Las distintas bandas de frecuencias tienen un papel especial en el funcionamiento del cerebro, y la sincronización de las oscilaciones puede ayudar a organizar la estructura y el ritmo de la actividad neuronal. En particular, las llamadas oscilaciones alfa están asociadas a la capacidad del cerebro para modelar el mundo y predecir patrones de información sensorial. Los estudios con LSD y psilocibina muestran de forma fiable una disminución de la fuerza de estas oscilaciones alfa, así como la desincronización de varios tipos de oscilaciones, lo que indica la alteración del modelo del mundo del cerebro y el aumento de los patrones desordenados de la actividad neuronal. Sin embargo, aunque estos efectos también se observaron en el estudio con DMT -ya que ésta también actúa principalmente en el receptor 5HT2A- los investigadores también registraron un sorprendente aumento de la fuerza y la sincronía de las oscilaciones de menor frecuencia conocidas como oscilaciones delta y theta. Describieron este novedoso efecto como la aparición de un «orden aparente en medio de un fondo de desorden». Estas oscilaciones delta/theta se asocian normalmente con el estado de sueño, cuando el durmiente está inmerso en un mundo desconectado del entorno. Sin embargo, mientras que el mundo del sueño se construye a partir del mismo modelo que el mundo de la vigilia (pero sin pruebas sensoriales), el mundo de la DMT es totalmente incomparable y debe construirse utilizando un modelo totalmente diferente. Como tal, es probable que este nuevo orden que emerge durante el estado de DMT indique que el cerebro ha encontrado con éxito un nuevo canal estable – el canal DMT.

Por supuesto, cambiar al canal DMT no significa necesariamente que el cerebro haya sintonizado realmente con una realidad alternativa independiente poblada por entidades inteligentes conscientes. Como todos los mundos fenoménicos, incluyendo el mundo de la vigilia y el mundo de los sueños, el mundo DMT es construido por el cerebro – es un modelo construido a partir de información neuronal. Este sería el caso tanto si el Canal DMT está recibiendo información de, y sintonizado con, un entorno externo normalmente oculto e inaccesible (como el del Canal de la Realidad Consensuada) o si se construye mientras está desconectado de la información sensorial (como con el mundo de los sueños). Obviamente, la mayoría de los científicos estarían a favor de la última explicación, ya que pocos considerarían la idea de que el DMT está de alguna manera abriendo el acceso a un mundo paralelo normalmente oculto, repleto de elfos que ríen salvajemente. Sin embargo, esta explicación ortodoxa no está exenta de problemas.

Cuando el cerebro cambia al Canal DMT, comienza a construir un modelo de un entorno que no tiene ninguna relación con el Canal de la Realidad Consensuada. Este modelo de mundo posee estructuras, contenido y cualidades que son característicamente «DMT-escas» y parecen comunes a un gran número de usuarios independientes alrededor del globo: un número de entidades – incluyendo los ubicuos «elfos mecánicos» – así como las extrañas habitaciones hipergeométricas y curiosamente tecnológicas, templos y paisajes que ocupan que tipifican el estado DMT.

Si se pasa algún tiempo recorriendo la literatura de informes de viajes con DMT en línea, uno no puede evitar sentir que muchos usuarios de DMT a menudo terminan siendo despedidos en el mismo lugar y encontrándose con las mismas entidades. Desde una perspectiva neurocientífica ortodoxa, esto es confuso. Hasta donde sabemos, el cerebro debería saber cómo construir un solo tipo de modelo de mundo: el viejo y familiar mundo consensuado. Este es el mundo -la interfaz con el entorno- que el cerebro construyó por evolución y el mundo que sigue construyendo incluso durante el sueño. Por ello, la capacidad del cerebro de empezar a construir de repente un extraño modelo de mundo ajeno que no guarda relación alguna con el mundo normal de la vigilia es tan desconcertante como que un niño británico de 5 años pase de repente a hablar con fluidez el Yupik de Siberia Central. O se podría comparar con encontrar un canal completamente nuevo en el televisor y descubrir que la antena se ha desconectado. ¿De dónde viene este extraño mundo? ¿Cómo aprendió el cerebro a construir un modelo de él? Por supuesto, sería mucho más fácil explicar esto si, como innumerables usuarios de DMT están convencidos, el Canal DMT está sintonizado – recibiendo y procesando información de – una realidad alternativa que existe independientemente de nuestros cerebros y, muy probablemente, fuera de nuestro Universo. Pero, por supuesto, como tanto los científicos profesionales como los de sofá están siempre dispuestos a burlarse: eso es imposible.

Enfrentarse al DMT significa enfrentarse a lo verdaderamente imposible. Nada de esta sustancia parece tener sentido. Desde el interior del viaje, mientras te lanzan gritando por esos corredores lumínicos de inefable complejidad y belleza, o sentado a los pies de seres de irrecusable inteligencia y poder, todo parece perfectamente imposible. Y desde fuera, desde la perspectiva de los científicos y filósofos que intentan dar sentido a esta sustancia, no parece más fácil encontrar una explicación. Cuando Terence McKenna se topó por primera vez con el Canal DMT en su pequeño apartamento de Berkeley en el otoño de 1965, admitió que nunca lo había superado. Y, para ser sincero, yo tampoco estoy convencido de que lo haga nunca. Simplemente no parece posible.

Artículo original escrito por el Dr. Andrew Gallimore y publicado en la revista Khapi. Traducido al español por Irene de Caso.

Interocepción Social

Caso en favor del tratamiento de las enfermedades mentales a través del cuerpo en un entorno social

Descargo de responsabilidad: esta entrada de blog se publicó originalmente en el blog de la Fundación MIND. La publicación y todos los contenidos pertenecen a la Fundación MIND, una organización europea sin ánimo de lucro que promueve la investigación y la educación psicodélicas. La publicación ha sido traducida y compartida por MIND Blog Translation Group con el espíritu de promover las comunicaciones científicas psicodélicas a través de las fronteras. El MIND BTG se basa completamente en la dedicación de los voluntarios y da la bienvenida a traductores calificados y revisores expertos para ayudar a compartir conocimientos.

https://mind-foundation.org/social-interoception/?lang=es

El creciente campo de la interocepción social —que examina cómo surgen las emociones sociales a partir de la valoración subjetiva de los estados corporales— aboga por que los problemas de salud mental se conviertan en “problemas de salud social” construye nuevas formas de tratamiento social encarnado, incluida la terapia asistida con psicodélicos. He hablado con investigadores de la UC de San Diego, el laboratorio de desarrollo social de la universidad de Utah y la universidad de Zúrich para saber más.

Fue al estudiar una parte del cerebro llamada ínsula cuando el neurocientífico John Allmann se dio cuenta por primera vez de que la autoconciencia y la conciencia social forman parte del mismo sistema.1 La ínsula, situada en lo más profundo de la cisura de Silvio, un centro de conectividad disfrazado de isla dentro de sí mismo , es una de las principales estructuras cerebrales responsables de convertir los estados corporales en emociones sociales. el contacto íntimo en sentimientos de placer o el tono áspero de un padre en sentimientos de vergüenza. Si no recibimos la atención adecuada durante la niñez, la forma en que la ínsula codifica la relación entre nuestro cuerpo y las emociones sociales puede cimentarse de forma inadecuada, lo que conduce más adelante a una propensión a padecer problemas de salud mental.2 Existen cada vez más pruebas de que es posible cambiar esta relación, ya que la ínsula también desempeña un papel en prácticas terapéuticas como la meditación , la confianza en el cuerpo  y la terapia asistida con psicodélicos. En conjunto, estos resultados sugieren que el vínculo entre el cuerpo, el yo y las emociones sociales en la salud mental más importante de lo que podríamos pensar, lo que pone de relieve la necesidad de más formas de terapia dirigidas directamente a las emociones sociales a través del cuerpo.

El Yo corporal

La función principal de la ínsula —ayudarnos a reconocer lo que experimentamos en función de lo que sentimos— se denomina interocepción. Esta nos permite interpretar un “estómago vacío” como hambre física o las “mariposas” como excitación o miedo. Como ya hemos dicho, las emociones sociales surgen de este proceso. A pesar de la conexión entre la interocepción y las emociones sociales, a los orígenes sociales de la interocepción.

El trabajo pionero de Kristina Oldroyd en el Laboratorio de desarrollo social de la Universidad de Utah sugiere que las experiencias sociales tempranas afectan significativamente a las áreas del cerebro responsables de la interocepción al influir en el desarrollo del Yo corporal. El equipo de investigación de Oldroyd ha descubierto que puede perjudicar la capacidad del niño para formar representaciones precisas de las sensaciones corporales.3 Por ejemplo, cuando un niño que aprende a caminar se cae y siente dolor físico, una respuesta sensible de los padres podría ser: «eso te habrá dolido», mientras que una respuesta insensible sería: «estás bien, no te ha dolido, ». Para que el niño se sienta cómodo detectando, reconociendo y expresando las señales corporales, el progenitor debe darse cuenta de lo que experimenta el niño, llamar la atención conjunta sobre ello y etiquetario:3

«En la medida en que los cuidadores reconozcan, honren y respeten las experiencias corporales de sus hijos, el niño desarrollará una interocepción más precisa», explica Olroyd. «En la medida en que las experiencias corporales del niño sean negadas, devaluadas, ignoradas o castigadas por los padres, el niño encontrará formas de evitar sentirlas y desarrollará un sentido distorsionado de la interocepción».3

Oldroyd afirma que el modo en que aprendemos a regular el dolor físico no difiere del modo en que aprendemos a regular el dolor emocional: en ambos casos, socializamos a través de la experiencia corporal. Los estudios neurocientíficos apoyan su teoría, ya que demuestran que los niños con estilos de apego ansioso o evitativo tienen un volumen insular notablemente inferior al de los niños con apego seguro.4 a lo largo de la vida adulta de esos niños, cuando las relaciones se vuelven más complejas y la regulación socioemocional es cada vez más importante, Oldroyd cree que. También puede alejar a algunos de nosotros de la conexión social cuando, irónicamente, puede ser precísamente lo que más necesitamos.

Interocepción y salud social

«Una idea en la que estoy trabajando», dice Andy Arnold, psicólogo y experto en interocepción de la Universidad de California en San Diego y profesor invitado del Knox College, «es que la interocepción podría ser un fundamental para evaluar los recursos necesarios en nuestras vidas. Si la comprensión interoceptiva está desactivada, uno podría no ser capaz de percibir con precisión la falta de recursos necesarios [como] la conexión social y actuar en consecuencia». Por ejemplo, la adicción podría ser una evaluación errónea de los recursos en la que “se sobrevalora la droga pero se infravaloran otros estímulos de la vida”, Arnold también añadió que, probablemente, la ínsula desempeña un papel fundamental en este proceso.

También funciona a la inversa: el abuso de sustancias altera la interocepción y daña la ínsula. Las imágenes cerebrales de las personas con trastorno por consumo de alcohol muestran una reducción significativa de la materia gris en la ínsula, marcada por una profunda pérdida de neuronas de von Economo (o “células de empatía “),5 una especialización evolutiva relativamente reciente en los seres humanos que se considera crucial para la sensibilidad interoceptiva y el comportamiento prosocial.6 Paradójicamente, en ciertos casos, el daño a la ínsula revierte las conductas adictivas. En un estudio de 2015 sobre la adicción, investigadores de la Universidad del sur de California observaron que: «por un lado, la dependencia del alcohol daña la ínsula. Por otro lado, el daño causado a la ínsula reduce el deseo de consumir alcohol.»7

esto no es una contradicción si se considera la adicción como un problema de salud social. La ínsula podría motivarnos normalmente a buscar una recompensa social, pero si no podemos nuestras necesidades socioemocionales en función de lo que sentimos, a las sustancias para . El consumo excesivo de sustancias puede ser como poner el combustible equivocado en el depósito: cuando el cerebro y el cuerpo anhelan conexión social, darle otra cosa acaba por perjudicar el motor con el paso del tiempo, aunque parezca que funciona bien. En este caso, tal vez la relación habitual con la droga dure más que la motivación original para consumirla. Por otro lado, dañar la ínsula directamente puede destruir el registro de la sustancia como sustituto de la recompensa social y, por tanto, reducir inmediatamente el deseo de consumirla.

La ínsula nos muestra lo equivocados que podemos estar al etiquetar trastornos como la adicción, la ansiedad, la depresión y el abuso de sustancias como problemas de “salud mental”. Si la interocepción se desarrolla inicialmente en el contexto de las relaciones interpersonales, también lo harán muchas de nuestras aflicciones, y también deberían hacerlo sus tratamientos.

a través del cuerpo

En noviembre de 2019, Arnold y su colega, la neurocientífica Karen Dobkins, publicaron la primera discusión académica sobre lo que llaman “interocepción social” en la que argumentaron que la capacidad interoceptiva facilita la conexión social.8 Para entender cómo podría funcionar la interocepción en una situación social, imaginemos un encuentro que acelereel ritmo cardíaco, que es una respuesta destinada a aumentar el estado de alerta y preparar la reacción de “lucha o huir”. Dobkins y Arnold creen que tal vez no sea la respuesta fisiológica en sí la que provoca el estrés social, sino la interpretación subjetiva de la misma. Hacen referencia a una serie de estudios realizados por investigadores de Múnich que utilizaron tests de estrés social diseñados 9 y la exclusión social10 en un entorno de juego para medir la interocepción. Los investigadores descubrieron que las personas con una mayor precisión interoceptiva manifestaban menos emociones negativas tras una situación social desafiante, a pesar de que su ritmo cardíaco y su conductancia cutánea eran similares a los de los participantes con menor precisión interoceptiva. En otras palabras, dos personas pueden tener el mismo estado corporal interno pero experimentar niveles completamente diferentes de malestar social.

«Esto nos lleva a la interesante idea de que quizás una mayor precisión interoceptiva permite identificar la respuesta fisiológica como resultado de una “situación social” externa objetiva, no como atributo de uno mismo», dicen Dobkins y Arnold. «Esto podría ser reflejo de una mejor regulación emocional en situaciones sociales». Oldroyd se hace eco de estas ideas en su trabajo: «Es el , más que el hecho de notarlas,lo que contribuye a los síntomas cognitivos y conductuales de la ansiedad».

Hay un subtexto importante en estas afirmaciones: quizá no nacemos con nuestras diversas neurosis sociales. Quizá nacemos con un sesgo hacia las señales sociales positivas, hacia el vínculo con los demás. Una mala interocepción, a menudo desarrollada en el contexto de una infancia desfavorable, puede ser lo que hacia las señales negativas. La manera de restablecerla, dice Dobkins, sería empezar a escuchar y confiar en nuestro cuerpo antes de que la mente saque conclusiones. En su trabajo sobre la soledad, Dobkins y Arnold descubrieron que había una medida de interocepción en particular, la confianza en el cuerpo, que predecía las variaciones de la soledad subjetiva  entre los estudiantes universitarios de la UCLA,11 lo que sugiere que conectar con el cuerpo permite conectar con los demás, ya sea haciendo más amigos o amigos diferentes. Cuanto más confíes en tu cuerpo, más capaz serás de interpretar sus señales, de interpretar las señales de los demás y de conectar con ellos.

«¿Conoces la sensación de que tú y otra persona estáis “en sintonía”?» dice Dobkins. «Pues bien, no me refiero a eso. Eso es la mente informando y diciendo:  “la otra persona y yo creemos o queremos lo mismo”. La conexión es un asunto corporal. Es un conocimiento que está en el cuerpo, lo cual significa que tienes que conocer tu cuerpo».

El creciente campo de la interocepción social puede ayudarnos a entender y tratar mejor no sólo la soledad, sino también la ansiedad, la adicción, los trastornos alimentarios, la depresión y otras afecciones tradicionalmente asociadas a patrones de pensamiento en vez de señales corporales. De hecho, la interocepción social puede ser una pieza clave del rompecabezas para explicar cómo funciona la terapia asistida con psicodélicos.

Drogas psicodélicas e interocepción

Como parte de la red de saliencia, una de las principales funciones de la ínsula es orquestar la actividad entre otras redes, incluyendo la red neuronal por defecto y la ded ejecutiva central. En 2017, Robin Carhart-Harris y su equipo de investigación del Imperial College de Londres descubrieron que la hipoconectividad de la ínsula es «una firma neurobiológica de la experiencia con MDMA», y se correlaciona con la reducción de la ansiedad, la alteración de las sensaciones corporales y los cambios en la interocepción.12 «Una mayor comprensión de cómo la MDMA afecta a la ínsula», según Carhart-Harris, «podría ser crucial para dilucidar los fundamentos neurobiológicos del interés resurgente en la MDMA como complemento terapéutico de la psicoterapia en el tratamiento de los trastornos de ansiedad, incluido el TEPT». Otros equipos han encontrado resultados similares que relacionan la hipoconectividad de la ínsula con la experiencia con LSD.13

Las investigaciones sobre los correlatos neuronales en diferentes tipos de meditación mindfulness apuntan también a la ínsula y al cuerpo. En el  comentario de un estudio sobre “Bondad Mmorosa”, “Atención Focalizada”, “MonitorizaciónAbierta” y “Recitado de Mantras”, Carhart-Harris señala que, aunque estos cuatro estilos de meditación están claramente disociados por sus correlatos neuronales, hay «algunos patrones recurrentes de modulación de la actividad, en particular en la ínsula, un área multisensorial importante muy implicada en la conciencia interoceptiva.»)14 Además, sugiere que la participación de la ínsula en los cuatro estilos de meditación apunta hacia «el papel central del control de la atención en la conciencia corporal y  en la respiración en particular durante varias prácticas contemplativas». Como vemos, la conciencia corporal está estrechamente vinculada a la emoción social, lo que puede ayudar a explicar los beneficios tanto de la meditación mindfulness como de la terapia psicodélica.

Psicodélicos y conexión

En la Universidad de Zúrich, Katrin Preller estudia los beneficios de los psicodélicos para la salud social. Su trabajo en este campo confirma la noción de Allmann de que la forma en que nos vemos a nosotros mismos está inextricablemente entrelazada con la percepción social. Por ejemplo, se ha descubierto que la psilocibina y el LSD reducen el dolor social a través de alteraciones en el autoprocesamiento,15 lo que incluye experiencias de unidad y conexión.

«Uno de los principales aspectos de la experiencia psicodélica es la sensación de conexión con el universo y la naturaleza, pero también con el entorno social», Preller. «Además, observamos un aumento de la empatía emocional, que puede ser un factor importante que contribuya a la sensación de conexión. Actualmente, en los ensayos clínicos estamos probando la hipótesis de que esta experiencia contribuye a la eficacia de la terapia asistida con psicodélicos.»

En una exitosa serie de estudios de Johns Hopkins sobre psilocibina y adicción a la nicotina, los participantes «identificaron los factores sociales, i. e. fumar como una forma de conectar con otras personas, que contribuían a la adicción.»16 Informaron de que los sentimientos de amor y conexión con su entorno y con otras personas  inducidos por la psilocibina, independientemente del tabaquismo como factor social, eran importantes para dejar de fumar.17 «La psilocibina podría haber restablecido el procesamiento de la recompensa social, ayudando así a los pacientes a superar la adicción», especula Preller. «Mi esperanza es que la terapia se centre más en la cognición social y en el entorno social de los pacientes. Por ejemplo, el entrenamiento sociale puede tener como objetivo restaurar el procesamiento de la recompensa social en pacientes adictos y ayudarles a reconectar con su entorno social.»

Las investigaciones sobre la ínsula y la interocepción social sugieren que el cuerpo es el principal canal a través del cual deben producirse estos cambios y que los sentimientos de amor y conexión son exactamente eso: sentimientos. Parece que debemos sentir la recompensa social y retenerla en nuestro cuerpo para dejar de necesitar su sustitución. Puede que al hacerlo restauremos algún tipo de ajuste predeterminado. Por lo que sabemos, la “conexión” podría no ser en absoluto un sentimiento añadido sino una sensación primordial y esencial de que el yo es una construcción social. Aunque puede que este sea un sentimiento nuevo para la psique, el trabajo de Oldroyd sugiere que no se trata de un sentimiento nuevo para el cuerpo. Quizá por eso las experiencias psicodélicas pueden resultar tan profundaspara algunos: en el fondo, es una sensación que el cuerpo conoce de siempre.

De la conectividad global a la plasticidad local

En abril de 2019, investigadores de la Universidad Johns Hopkins publicaron un estudio en animales que demostraba que la MDMA reabre un “periodo crítico” en el que el cerebro del ratón es sensible al aprendizaje del valor de la recompensa de las conductas sociales.18 Aunque se trata de un estudio neurobiológico que atribuye la reapertura a una mayor plasticidad cerebral inducida por la oxitocina, el mecanismo conductual suena muy parecido a la teoría de la interocepción en la infancia de Oldroyd: los periodos críticos se describieron por primera vez en las crías de ganso nival en la década de los treinta, cuando se descubrió que estas formaban un vínculo con un objeto si su madre desaparecía 24 horas después de su nacimiento, pero no 48 horas después. Podemos imaginar qué gansos serán más capaces de socializar sus señales corporales al llegar a la edad adulta, suponiendo que tengan suficiente conciencia de sí mismos como para hacerlo. En el estudio de Hopkins, los ratones adultos a los que se les había administrado MDMA mostraron un comportamiento prosocial que normalmente sólo se observa en los jóvenes. Dicho comportamiento dio lugar a asociaciones positivas entre el compañerismo y una forma particular de preparar el lecho. La neurocientífica Gül Dölen y su equipo descubrieron que esto sólo ocurría si la droga se administraba a los ratones cuando estaban con otros ratones y no si se les daba cuando estaban solos. «Esto sugiere que la reapertura del periodo crítico utilizando MDMA puede depender de si los animales están en un entorno social», afirma Dölen.

Terapia corporizada en entornos sociales

Aunque Dölen sugiere que este tipo de tratamiento puede funcionar en los seres humanos y fortalecer el vínculo entre el psicoterapeuta y el paciente, yo diría que también es un caso orientado a un tipo de terapia completamente diferente, en la línea de la terapia social corporizada o el trabajo corporal en grupo dirigido por psicoterapeutas. El aprendizaje de la recompensa social se produce a través del cuerpo, en un entorno social, en gran parte porque socializamos a través del cuerpo desde una edad muy temprana. Si el objetivo terapéutico es la conexión social adaptativa, ¿por qué no hacer más hincapié en la conexión como terapia?

De hecho, parece cuestionable que debamos curarnos como sujetos aislados cuando hemos nacido para establecer vínculos y el resto de nuestras vidas se construye en torno a la conexión. Por muy buena que sea la relación con el terapeuta, la dinámica suele ser la de un objeto que es examinado exhaustivamente con un microscopio. La terapia moderna todavía huele a estigmatización y cuarentena: nuestros problemas son tan privados que deben mantenerse en secreto. Incluso la terapia de Experiencia somática, que al menos nos revela estos problemas a través del cuerpo, trata en gran medida a cada persona de forma aislada. No necesariamente tenemos que compartir nuestros problemas para sanar. De hecho, algunos pacientes con TEPT se vuelven asintomáticos después de someterse a sesiones de terapia asistida con psicodélicos en las que no se intercambian palabras.19 Pero es posible que sólo podamos reabrir las puertas del aprendizaje social —y curarnos de las enfermedades sociales— a través del cuerpo, de la conexión con los demás y de esa parte del cerebro que tan irónicamente parece estar sola.